Al principio pensó que era casualidad. El mismo coche dos noches seguidas. Aparcado en la misma esquina. No hizo preguntas. En Sevilla aprendió que preguntar demasiado era una forma de llamar la atención.
La tercera noche el coche ya no estaba. Pero alguien mencionó su nombre en una conversación que no iba con ella.
Y por primera vez tuvo la sensación incómoda de que algunas personas sabían más de su vida de lo que deberían.
Este relato forma parte del universo narrativo de este Substack, donde también reflexiono sobre moda real, identidad y estilo desde la experiencia. Descúbrelo aquí.


