Existe un tipo de trabajo que sostiene sectores enteros y que raramente aparece en los titulares. No porque sea menos importante. Sino porque su naturaleza no es la de llamar la atención sobre sí mismo sino sobre lo que cubre. Sobre los demás.
Inma Leflet hace ese tipo de trabajo. Y lleva años haciéndolo.
El periodismo que no habla de sí mismo
Hay una tendencia en el periodismo cultural contemporáneo — acelerada por las redes sociales — hacia la personalización del medio. El periodista que se convierte en el protagonista de lo que cubre. La voz que no solo informa sino que construye su propia marca a través de lo que informa.
Eso tiene sus virtudes. Pero tiene también un punto ciego: cuando el periodista es el protagonista, las personas sobre las que informa ocupan un espacio secundario.
Inma Leflet trabaja desde la premisa contraria. Su trabajo en Canal Sur y PTV ha estado orientado durante años a visibilizar lo que ocurre en el sector de la moda andaluza desde una posición que muchos periodistas culturales evitan: la de quien cede protagonismo sin que eso le cueste nada, porque entiende que su función no es ser vista sino hacer ver.
Eso requiere un tipo de seguridad profesional que no siempre se reconoce como tal. Hay personas que necesitan el protagonismo para sentir que su trabajo tiene valor. Y hay personas que saben exactamente cuál es su función y la ejercen sin necesitar que nadie se la confirme constantemente. Inma pertenece a la segunda categoría.
Lo que significa poner en valor el trabajo de otros
Trabajar en la industria de la moda desde el periodismo tiene una peculiaridad que no siempre se reconoce: hay mucho trabajo invisible detrás de cada desfile, cada colección, cada presentación. Los diseñadores, los artesanos, los equipos de producción, las modistas que llevan décadas perfeccionando una técnica.
Todo ese trabajo existe independientemente de si alguien lo cuenta. Pero la posibilidad de que tenga impacto cultural, de que genere conversación, de que llegue a públicos que de otra forma no lo conocerían, depende de que alguien decida que merece ser contado.
Inma Leflet lleva años tomando esa decisión. Y la forma en que lo hace —con el rigor de quien se ha documentado de verdad, con el respeto de quien entiende lo que está cubriendo, con la generosidad de quien no necesita poner su propia firma por encima del trabajo que está visibilizando— construye algo que va más allá del periodismo.
Construye comunidad. Crea un registro de lo que existe en la moda andaluza para que dentro de veinte años haya documentación de lo que ocurrió ahora.
La incansable como método de trabajo
Hay personas que trabajan mucho porque no saben hacer otra cosa. Y hay personas que trabajan mucho porque lo que hacen les importa de verdad y el trabajo es la forma que tienen de demostrárselo a sí mismas.
Con Inma, desde la primera vez que la conocí, tuve claro a qué categoría pertenece.
No es actividad por actividad. Es una persona que ha decidido conscientemente que la visibilización de la moda andaluza, de sus profesionales, de su cultura, merece tiempo y esfuerzo sostenidos. Y que ejecuta esa decisión con una consistencia que en el sector de los medios de comunicación, donde los proyectos se abandonan con facilidad cuando no dan resultados inmediatos, resulta especialmente notable.
Una mano amiga en el sector
Hay algo que Inma hace que no es estrictamente periodístico pero que tiene un impacto enorme en la salud de cualquier sector creativo: facilita conexiones.
La persona que cuando conoce a alguien interesante piensa inmediatamente en otras dos personas a las que debería conocer. La que comparte información porque cree que la información compartida construye más que la información guardada. La que celebra los logros de los profesionales que cubre porque entiende que su éxito y el de ellos no son competitivos sino complementarios.
Ese tipo de capital social no se mide fácilmente. Pero su ausencia, cuando falta, se nota de inmediato.


