La prenda que llevas este verano nació en una hambruna
La historia del crochet que nadie te ha contado: de los conventos irlandeses del siglo XIX a las pasarelas de Valentino y tu armario de julio
Hay una prenda que este verano está en absolutamente todas partes. En los escaparates de Zara. En las colecciones de Valentino. En las maletas de vacaciones. En TikTok, en Instagram, en cualquier terraza de cualquier ciudad española en julio.
El crochet.
Y la mayoría de la gente que lo lleva no sabe que esa prenda tiene una historia que empieza en una de las crisis humanitarias más devastadoras de la historia europea. En 1845. En Irlanda. En medio de una hambruna que mató a un millón de personas y forzó a emigrar a otro millón más.
Hoy cuento esa historia. Porque la moda nunca viene de la nada. Y el crochet, menos que ninguna otra cosa.
El origen del Crochet
Para entender el crochet hay que ir a Irlanda en 1845.
La Gran Hambruna Irlandesa duró cuatro años y devastó la economía del país. En ese contexto, el crochet se convirtió en una herramienta de supervivencia económica.
La historia concreta que me parece más fascinante empieza en un convento de Cork. La madre superiora del convento de las Hermanas de la Presentación en Youghal, Condado de Cork (Irlanda) copió en crochet una pieza de encaje convencional — un encaje que en condiciones normales requería años de formación para ejecutar — y salió a enseñar la técnica de casa en casa. En pocos años, casi todos los conventos del país enseñaban crochet. Las mujeres, y también los hombres y los niños, se quedaban en casa tejiendo prendas para vender. Familias enteras organizadas en una especie de cadena de producción: cada uno tejía la parte que mejor se le daba y luego las piezas se ensamblaban.
El resultado fue el crochet irlandés: ese encaje con motivos florales y tridimensionales que todavía hoy los diseñadores de moda reinterpretan temporada tras temporada.
Los modistos de París empezaron a usar encajes irlandeses en sus colecciones de verano y la demanda explotó. Lo que había nacido como herramienta de supervivencia se convirtió en producto de lujo exportado a los grandes centros de moda del mundo.
Eso, en términos de historia de la moda, es extraordinario.
El viaje hasta el siglo XX
El crochet sobrevive al siglo XIX y llega al XX con una identidad muy clara: es la técnica de las mujeres que saben hacer cosas con sus manos. Ni más ni menos.
En los años veinte, Coco Chanel incorpora el tejido de punto y las técnicas artesanales en sus colecciones, legitimando lo que hasta entonces se consideraba artesanía doméstica como moda de alta categoría. Ese gesto — convertir lo hecho a mano en propuesta de lujo — abre una puerta que ya nunca se cierra del todo.
En los sesenta, el crochet resurge con fuerza como parte del movimiento hippie. Lo artesanal como declaración política contra el consumismo industrial. Y en los setenta, cuando la crisis del petróleo encarece los tejidos sintéticos, la producción artesanal y los tejidos hechos a mano vuelven a tener valor práctico, no solo estético.
Lo que me parece fascinante de este patrón es que el crochet siempre aparece en momentos de crisis o de cambio. No es casualidad. Es una técnica que se activa cuando lo industrial falla o cuando hay un deseo colectivo de volver a algo más lento, más concreto, más hecho por manos humanas.
Del Convento de Cork a Valentino
En el siglo XXI, casas como Valentino, Dolce & Gabbana y Missoni han incorporado el crochet de forma recurrente en sus colecciones, creando prendas de alta gama que fusionan lo artesanal con la alta costura.
Y TikTok hizo el resto.
Porque hay algo en el crochet que funciona perfectamente en el contenido digital: es fotogénico, tiene textura visible, fotografía bien con luz natural y connota exactamente lo que la audiencia de 17 a 35 años busca en una prenda ahora mismo: que parezca especial sin ser ostentoso. Que tenga historia sin que haya que explicarla. Que sea reconociblemente de tendencia pero con cierto aire de que podría ser vintage.
La monja del convento de Cork que en 1845 salió de casa a enseñar una técnica de supervivencia no podía imaginar que eso acabaría en los algoritmos de TikTok doscientos años después.
Pero así funciona la moda. Nada viene de la nada. Todo viene de algún sitio.
Una última cosa
La próxima vez que te pongas un top de crochet, ya sabes lo que llevas encima.
Un poco de historia de Irlanda. Un poco de Coco Chanel. Un poco de los sesenta y de la crisis del petróleo. Y una monja de Cork con una aguja de gancho que intentaba alimentar a su comunidad.
Eso es la moda. Siempre lo ha sido.



