Hay objetos que no necesitan presentación. Los ves y ya sabes lo que son. Te evocan a lo que huelen, lo que significan. Las alpargatas son uno de esos objetos. Sin embargo, estoy casi segura de que si alguien te preguntara ahora mismo de dónde vienen, qué historia cargan y por qué llevan cinco siglos resistiendo tendencias, modas y crisis económicas, probablemente te quedarías en silencio.
Yo también me quedé y por eso decidí investigarlas.
Cuando la suela de esparto era el único lujo que te podías permitir
Este calzado tiene un origen que nadie que las lleve con un vestido de lino en agosto imaginaría. Aparecen documentadas en la Península Ibérica desde el siglo XIV. No como calzado de descanso ni como símbolo de verano mediterráneo: como el único calzado que podía permitirse quien no tenía otra opción.
La suela de esparto era barata, abundante y resistente. Los campesinos, los marineros, los soldados: todos llevaban alpargatas. En la Guerra Civil española se convirtieron en el calzado del bando republicano, que las producía en masa porque el cuero escaseaba. En los años de la posguerra eran la suela de la penuria.
Ese es el origen. El mismo zapato que hoy se vende en boutiques de Mallorca a setenta euros y que Chanel incluyó en su colección crucero de 2023 nació como símbolo inequívoco de no poder permitirse otra cosa.
El momento en que algo cambia
Pero los objetos no cambian de significado por decreto, cambian cuando alguien con suficiente poder cultural decide mirarlos de otra manera.
Con las alpargatas ocurrió en los años cincuenta. La Costa Azul francesa, los veranos de la burguesía europea, la democratización del turismo y algo muy concreto: que las alpargatas eran perfectas para la arena, para las terrazas, para los barcos. Cómodas, frescas, con una elegancia sin pretensiones que el zapato de tacón no podía tener en ese contexto.
Brigitte Bardot las llevó en Saint-Tropez. Picasso las llevó en su taller. Y con eso bastó para convertirlas en deseables.
En España el proceso fue paralelo pero distinto. Aquí las alpargatas nunca dejaron de fabricarse artesanalmente en regiones como La Rioja, Valencia o Cataluña. El esparto, el yute, el cáñamo: materiales con siglos de tradición que de repente empezaron a interesarle a la industria de la moda internacional.
Por qué son el zapato más honesto que existe
Hay un tipo de elegancia que necesita esfuerzo constante para mantenerse. El tacón de aguja, el zapato de salón en charol, la bota de cuero: todos requieren el look adecuado además de cierta tensión corporal para llevarlos bien.
Las alpargatas no. Con las alpargatas o estás o no estás. Es el calzado en el que no hay postureo posible. Si las llevas con un vestido de lino y el pelo recogido en la playa, y la imagen funciona, es porque hay algo real detrás. Si las llevas fingiendo algo que no eres, se nota igual.
Quizás es lo que me parece más interesante de este calzado. Son el detector de imposturas más honesto del armario de verano.
Las mías guardan todo lo que no tengo fotografiado
Tengo alpargatas que llevan conmigo demasiado tiempo. Lás clásicas cómodas para el vestido de flamenca que ha sobrevivido varias ferias, las elegantes y fondo de armario que compré en Pol Núñez, las perfectas para un look arregladito de Polin et Moi…
No las guardo por sentimentalismo barato. Lo hago porque cada vez que me las pongo recuerdo exactamente dónde estaba cuando las estrené. Puedo recordar qué comí ese día, con quién estaba y qué conversación tuve que todavía pienso a veces.
Los objetos guardan memorias de forma más honesta que las fotografías. Soy de las que piensa que las fotografías muestran lo que quisiste mostrar pero algunos objetos guardan lo que viviste de verdad.
La pregunta que me hago cada verano
¿Por qué seguimos eligiendo las alpargatas cuando hay infinitas opciones más?
No es nostalgia. No es tendencia, aunque ahora mismo lo sean. Es algo más antiguo y más difícil de explicar. Creo que tiene que ver con la necesidad de llevar algo que no miente, algo que dice exactamente lo que es. En un mundo donde todo tiene una capa de producción, de curaduría, de narrativa construida, las alpargatas de esparto son refractarias al postureo.
Y eso, en verano especialmente, es un lujo que no tiene precio.
¿Tenéis alpargatas que guardan algún recuerdo especial? Cuéntamelo abajo. Me gusta saber qué llevan dentro los armarios de las personas que leen esto.



