Había lugares donde nunca ocurría nada. Demasiado correctos. Demasiado tranquilos. Los coches llegaban. La música sonaba. La gente salía horas después como si todo hubiera sido normal. Pero la experiencia le había enseñado algo simple: cuando todo parece demasiado limpio, normalmente es porque alguien se ha encargado de limpiarlo antes.
Aquella noche volvió a pasar. La misma dirección. El mismo silencio alrededor. Y un nombre que empezaba a repetirse en demasiadas conversaciones.
Este relato forma parte del universo narrativo de este Substack, donde también reflexiono sobre moda real, identidad y estilo desde la experiencia. Descúbrelo aquí.


