Él no recordaría ese día por la ciudad.
Ni por la gente.
Lo recordaría por el instante exacto en el que todo se desordenó sin previo aviso.
Ella aún no sabía que Sevilla podía cambiarte la vida en un segundo.
Caminaba sin mirar atrás, creyendo que lo importante estaba por venir, sin sospechar que algunas historias empiezan justo cuando no estás mirando.
A veces el destino no se presenta.
A veces simplemente espera.
Y sin saberlo, ambos acababan de llegar al mismo lugar.


