Hacer deporte a veces es como vivir en una película de acción.
No en el sentido épico. En el sentido de que si un día estás desconcentrada, la lías parda.
El otro día tocaba rutina de pilates. Yo, dispuesta, con la mejor de mis intenciones. Pero había sido un día intensito de información y mi mente estaba en cualquier sitio menos en el punto fijo que el pilates requiere para no terminar en el suelo.
En qué estaba pensando en lugar de en el ejercicio
En los artículos que quería escribiros.
En todos los pasos que he ido dando para darle forma al universo que estamos construyendo.
En la puñetera tecnología de SEO, algoritmos, vínculos, paneles de conocimiento y mil mierdas más que no es mi fuerte pero que igualmente son necesarias para que esto llegue a vosotras.
Si alguna vez os habéis preguntado qué pasa por la cabeza de alguien que está construyendo una marca personal desde cero mientras trabaja y escribe una novela y graba un podcast — la respuesta es: exactamente esto. Una dispersión selectiva que se manifiesta en el peor momento posible.
El problema con el pilates y la dispersión mental
Para colmo, ese día tocaba la rutina con tobilleras y mancuernas.
De las que requieren equilibrio. De las que, cuando estás concentrada y mirando al punto fijo, salen bien. Pero cuando tu mente está calculando estrategias de contenido mientras el cuerpo intenta no caerse, el resultado está abocado al fracaso desde el principio.
Me sentí cual Tom Cruise colgado de un edificio mientras su mente calculaba variables. Salvo que Tom Cruise lo consigue y yo estaba a punto de darme contra la esterilla.
La confesión que no había hecho todavía
Lo que tiene de irónico la situación es que en teoría no debería perder el equilibrio tan fácilmente.
Guardo un sentido del equilibrio bastante sólido desde pequeña. Y la razón es que de pequeña hacía danza clásica.
Siempre quise bailar. Es una vocación que tengo bastante asumida como frustrada, pero que dejó poso. La disciplina de la danza — la concentración, la conciencia corporal, la capacidad de mantener una postura mientras tu mente hace otras cosas — es una de las cosas que más agradezco haber tenido.
Sin ese pasado, probablemente el pilates con mancuernas y mente en los algoritmos habría terminado de forma mucho más espectacular.
Lo que aprendí ese día
Que el cuerpo y la mente necesitan ir juntos, no en paralelo.
Que los días intensitos de información requieren un desfogue que no sea otra actividad que también requiera concentración.
Y que Tom Cruise tiene un equipo de especialistas y yo no.
La próxima vez que mi mente esté en los artículos, los algoritmos y la puñetera tecnología de SEO durante la clase de pilates, voy a hacer lo sensato: estiramientos. Sin mancuernas. Sin tobilleras. Sin equilibrio requerido.
Que el universo puede esperar veinte minutos.
¿Sois de las que se ponen a pensar en el trabajo en el peor momento posible o tenéis el don de la compartimentación? Porque yo claramente no.


