La primera vez que recibió el mensaje pensó que era una broma. No tenía nombre. Ni explicación. Solo una frase escrita.
Nada grave.
Nada directo.
Pero suficiente para quedarse pensando más tiempo del necesario. Borró el mensaje. Se vistió. Y salió igualmente.
Porque en Sevilla cancelar una noche también es una forma de perder.
Este relato forma parte del universo narrativo de este Substack, donde también reflexiono sobre moda real, identidad y estilo desde la experiencia. Descúbrelo aquí.


