No respondió al mensaje. Pero tampoco lo ignoró.
Lo dejó ahí. Abierto. Como una conversación pendiente.
Al día siguiente, alguien la saludó por su nombre en un sitio donde nunca había estado. No preguntó. Sonrió como siempre. Pero algo ya no funcionaba igual.
Porque cuando alguien cruza una línea sin que tú la hayas marcado, deja de ser casualidad.
Este relato forma parte del universo narrativo de este Substack, donde también reflexiono sobre moda real, identidad y estilo desde la experiencia. Descúbrelo aquí.


